Persona muy irritada, ira exaltada. Está percepción dispara una liberación de catecolaminas que generan un ataque de energía rápido e intermitente que dura unos minutos, tras las cuales el cuerpo se prepara para atacar o para huir. Mientras tanto, la amigdala a través de la rama adrenocortical del sistema nervioso crea un fondo tónico general de disposición para la acción que dura mucho más que el aumento de energía dado por las catecolaminas. Este estímulo puede durar horas o días y tiene como efecto producir un estado de ánimo propicio a la excitación. Es decir, si tuvimos un pésimo día... con toda seguridad, nos irritaremos más fácilmente.
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